LA SOCIEDAD Y LOS MILITARES – Gabriel Fuentes C., Abogado

LA SOCIEDAD Y LOS MILITARES
Escribe: Gabriel Fuentes C.
Abogado

Es incomprensible, inconcebible e impresentable, al menos para mí, la situación judicial que vive la mayoría de los militares que integraron las filas de las FF.AA. y de Carabineros durante el gobierno militar. Señalo estos calificativos, pues quienes están siendo juzgados por la justicia o privados de libertad cumpliendo condena, eran parte de un engranaje dentro de cada institución, adoctrinados para actuar cumpliendo sus obligaciones y deberes militares, todo para la defensa de la patria; no olvidar que las FF.AA. y de Orden que intervinieron el 11 de Septiembre de 1973 eran –como han sido siempre- instituciones del Estado de Chile, no actuaron como fuerzas paramilitares o montoneras.

El gobierno militar formado por militares y civiles, devolvió al país la tranquilidad, el orden y el desarrollo social y económico, lo que fue aplaudido por la ciudadanía; los integrantes de las FF.AA. y de Orden debieron enfrentarse contra un enemigo ideológica y militarmente preparado y equipado, un adversario sin uniforme con capacidad para actuar violenta y temerariamente en el momento y lugar menos pensado. Los organismos de inteligencia, como también las FF.AA. y de Orden, debieron emprender una tarea titánica para desarticular e impedir que estos grupos terroristas actuaran en el país.

La tarea se cumplió gracias a la preparación profesional y el espíritu de cuerpo de sus integrantes.

¿Se imaginan que hubieran existido FF.AA. mal instruidas y divididas?, no cabe duda que habría dado por resultado una guerra civil, con millones de víctimas y daños materiales cuantiosos para el país.

La gran pregunta es ¿Dónde está esa ciudadanía que aplaudió, que motivó y que veneró al gobierno militar?

Cada cual está en lo suyo, que no le recuerden esa etapa vivida, ya existen responsables…, déjenme con lo mío o en el mejor de los casos dan ánimo para enfrentar con fuerza una justicia que se ha comportado muy injusta.

Estos militares (R) abandonados, son chilenos, tienen nombre y apellidos, tienen familia, y juntos deben soportar una sociedad olvidadiza, desinteresada, temerosa e ideologizada, en fin… Cuando los militares hacen presente que no se les respeta el debido proceso, la respuesta es “ah, no sé, para eso existen los tribunales de justicia”. Que cómodo, pero cuando uno conoce que están siendo procesados o peor aún ya condenados jóvenes subtenientes y tenientes o cabos y sargentos, que tenían entre 20 y 25 años de edad en esa época, sólo por haber estado ahí, o en el peor escenario por haber sido parte de un equipo que cumplió una orden superior, no entiendo el ensañamiento existente. No importa si participó o no, no interesa si debió cumplir una orden, es militar y debe pagar, no incumbe si era un soldado conscripto cumpliendo con su servicio militar.

Cómo se defiende una persona de hechos que pasaron hace tantos años, casi medio siglo, donde no existen pruebas ya que el tiempo se ha encargado de borrarlas, o sencillamente no recuerda o éste es vago.

Si algunos militares tuvieron responsabilidad criminal, la mayoría está fallecida o tienen sobre 90 años de edad, han transcurrido casi 45 años del pronunciamiento militar, que se espera. Qué puede hacer un militar procesado para que se le respete el debido proceso, en una sociedad que la han convencido –por años- los medios de comunicación que los militares cometieron delitos de “lesa humanidad”, en circunstancias que este delito se tipificó en nuestro país a partir del año 2009 (ley 20.357), y por tanto inaplicable retroactivamente, o los medios no señalan que no se les aplican a los procesados instituciones consagradas en el derecho nacional e internacional, como la prescripción del delito, la cosa juzgada, la amnistía; tampoco se dice que son juzgados con un procedimiento penal inquisitivo, obsoleto desde el año 2005, justamente por atentar contra los derechos del inculpado.

Es de esperar que las autoridades del estado intervengan y no continúen haciendo de esta situación una vendetta, una vulgar caza de brujas; busquemos civilizadamente una solución superior –tal vez política- orientada a la reconciliación nacional; no abusemos de aquellos que no idearon, buscaron ni tuvieron poder de decisión en los lamentables hechos ocurridos, simplemente cumplieron su deber y les tocó vivir en una época convulsionada e ideologizada, propio de la guerra fría, donde si hubo responsabilidad ésta fue política.