NO HAY PEOR LOCA QUE LA BOCA – Cristián Labbé Galilea

No hay peor loca que la boca

Cristián Labbé Galilea

Si hay un pensamiento que se me ha representado con mucha fuerza en estos días es que “el hombre se demora dos años en aprender a hablar y sesenta en aprender a callar”. Esto a raíz de las declaraciones de la viuda del general Gustavo Leigh, Comandante en Jefe de la FACH y miembro de la Junta de Gobierno en 1973, así como la “tole-tole” que se armó a raíz de la designación del hermano del Presidente como embajador en Argentina.

En el primer caso, cuesta entender lo que se pretendió al revelar, después de 45 años, que el general Leigh, “el duro”, el que dijo que había que “extirpar el cáncer marxista” (sic), ahora resulta que grababa furtivamente, con una mini grabadora escondida en el uniforme, sus conversaciones con los miembros de la Junta de Gobierno… ¡increíble!

Lo cierto es que los “dichos de la viuda”, más que desconcierto, provocan una tremenda desilusión. A la gran mayoría le cuesta asumir que en esos difíciles días que vivía nuestro país, cuando las fuerzas armadas respondieron férreamente unidas al llamado de la civilidad, uno de los mandos se diera la maña para grabar a hurtadilla sus conversaciones privadas del más alto nivel.

Ante esa evidencia, es legítimo preguntarse el motivo de concebir algo tan contrario a la lealtad propia de los soldados y, en cuanto a su publicación, resulta aún más difícil responder: ¿porque ahora? ¿Sabrá la señora Garcia que hay momentos para la necedad y otros para la sensatez y que una persona inteligente debe saber distinguirlos? ¿Sabrá también que: cuando una persona habla a tontas y a locas… algo le toca?

El caso de la designación del hermano del Presidente como embajador en Argentina, corre por otro riel, el de los errores no forzados.

Que si el “Polo” Piñera tiene o no los pergaminos para el cargo, no es el tema; que los embajadores en países limítrofes deben ser muy cercanos al gobierno, tampoco; que con el país de Gardel las relaciones están “a partir de un confite”, tampoco. El tema es que, aun pudiendo ser administrativa y jurídicamente aceptable  su designación…  la cocinilla política en nuestro país “no está para bollos”.

Es indiscutible, el gobierno está en la fase de instalación, con un porcentaje de aprobación no menor, con una percepción positiva de que las cosas irán mejorando con el tiempo, en especial en materias de orden, seguridad y trabajo, y principalmente en materias sociales (salud y educación). Todo súper bien pero, como sabe hasta el más novicio de los políticos, los errores cometidos en este periodo se pagan caro.

Se suma a lo anterior el que, si bien la oposición está desarticulada y sus berrinches todavía no tienen grandes repercusiones, las tirrias han salido de los propios partidos del conglomerado gobernante quienes se han encargado de orquestar las críticas, especialmente los sectores más progresistas. A este mocerío de políticos y parlamentarios que sufren de incontinencia verbal y que buscan cualquier oportunidad para hacerse notar urge llamarlos al orden.

En ambos casos, el de la viuda del general y el de las declaraciones de los noveles políticos del sector, bien vale hacerlos repetir cien veces lo que decía un viejo y campechano gurú … “no hay peor loca que la boca”.