LA VALENTIA DE URRUTIA – M. Amaro

LA VALENTIA DE URRUTIA
              (M.Amaro)

Decir hoy día que los exiliados y otras“víctimas” de los derechos humanos eran terroristas y forajidos que causaron el quiebre institucional en Chile, que postulaban la vía armada como elemento legítimo para la conquista del poder y que deseaban desencadenar en Chile una guerra civil para instaurar la ideología marxista, es prácticamente querer suicidarse, además de tener enormes cojones. Especialmente porque sus “colegas” de centroderecha se sonrojaban y miraban al cielo, al piso o hacia cualquier lado y se sacudían como si hubieran sido atacados por un ejército de pulgas.
Pero la verdad es una sola y se impone tarde o temprano, por muchos intentos que hagan para ocultarla o tergiversarla, por muchas manos de mentiras con que traten de cubrirla, ella emerge como la flor de loto en medio del barro.
El quiebre de la democracia en Chile no fue obra de los militares, sino que del propio gobierno marxista y de los líderes afiebrados que llamaron abiertamente a la guerra civil, que justificaron la via armada para llegar al poder. Por tanto, si hubieron víctimas, fueron víctimas de la ideología criminal a la que se entregaron en cuerpo y alma. Y si cayeron en la lucha, debieran al menos, tener la hombría y decencia de reconocer que cayeron por sus convicciones.
Hasta cuándo nosotros, con nuestros impuestos, tenemos que seguir alimentando una manga de parásitos y vagos, pagándoles enormes sumas de dinero, cuando ellos fueron los victimarios y no las víctimas? .
Nosotros hoy tenemos el deber de apoyar y aplaudir al diputado Urrutia, que es el único hombre con el coraje para decir la verdad, que la proclama abiertamente y sin temor. Hago un llamado para cerrar filas junto a él y saturar FB y twitter con mensajes de apoyo. Y también a rechazar con fuerza los ataques en su contra, tanto de la izquierda como de la centroderecha y del mismo gobierno, que está postrado de rodillas ante sus amos marxistas y que todo lo que hace y dice es para congraciarse con ellos.
Apoyemos y rindamos tributo a la verdad y rechacemos con fuerza la mentira y la infamia de aquellos que se han puesto al servicio de la peste roja.